
Los años pasados,
sentimientos enternurados con el tiempo,
dolores recalentados de los huesos,
acabaron en cinco trazos
para unificar la vida,
para trasmitir a sus cinco vástagos
las alegrías y penas
y los esfuerzos por SER,
por ESTAR...
Y un día,
ella dejó de pasearse por el tiempo.
Aleteando la muerte, que se quedó un ratito,
cinco despedidas llegaron
como lágrimas de un cuenta gotas,
como un martilleo intermitente de dolor...
y alegría por el camino recorrido.
Y dejó de pasearse por el tiempo
para hacer, qué se yo, el viaje más hermoso
más allá de segundos y minutos,
más allá de los corazones que se quedaron algo mustios...